El amor de pareja está en el querer y no en el necesitar

Experiencia
27/07/2020 04:09 pm
Hace un año, exactamente el 25 de julio del 2019, mi novio Ricardo me propuso matrimonio. Sin duda ha sido uno de los días más bonitos de toda mi vida, porque jamás me esperé una sorpresa de tal magnitud, tan perfecta y tan representativa de quienes somos nosotros como pareja. 

Quizás te haya sorprendido el título de este artículo, pero es precisamente parte de lo que te compartí tanto en el video de la propuesta como en las reflexiones que subí a stories. 

Puedes encontrar la cuenta de este podcast en Instagram como @entreletras_yuncafe y las stories en los Highlights "Más sobre mí"

Creencias, pensamientos y acciones que nos han ayudado como pareja


La verdad es que no entro mucho en temas que tienen que ver con mi vida personal porque no quiero dar pie a comentarios no solicitados. Sin embargo, sí hay ciertas cuestiones que disfruto compartiendo porque son creencias, pensamientos y acciones que nos han ayudado a nosotros a tener una relación de pareja fructífera. Ojo, dije fructífera más no perfecta.

Para llegar a la reflexión del título, primero quiero compartirte cómo es que nosotros hemos vivido nuestra relación. Porque claro, no hay una igual a otra, pero siempre hay cosas de otras parejas que pueden ayudarnos, inspirarnos y guiarnos.

Cómo nos conocimos
Ricardo y yo nos conocimos el 25 de enero del 2014 en una fiesta a la cual ninguno de los dos iba a ir originalmente. Curiosamente recuerdo el momento exacto en el que un amigo de aquel entonces me convenció de ir con un: "Ándale Paola, hace 5 años que no nos vemos". Y también tengo tatuado en la memoria el momento exacto en el que vi a Ricardo en la fiesta. Lo vi y pensé: "Algo va a pasar entre nosotros". Obvio no sabía el qué, pero tampoco me importó. Yo estaba ahí para pasarla bien. Sin embargo, él me sacó plática, platicamos horas, bailamos y al final ya; en la madrugada, le di mi número de celular correcto [porque solía darlo mal siempre]. ¿La verdad? No esperaba que me llamara. ¿Por qué? 

  • Porque nos conocimos en la fiesta.
  • Porque él tenía 23 y yo 27 años.
  • Porque yo no buscaba ligar con nadie, mucho menos una pareja.
  • Porque yo era una mujer que ya vivía sola y era independiente al completo, cosa que muchos dicen que "asusta" a los hombres.

Al cabo de 3 días, me mandó un mensaje. Y desde ese día han pasado ya 6 años. 

Hasta este momento de la historia puedes ver que he roto tres grandes mitos. Primero: el que la gente que se conoce de fiesta "no vale la pena" o "no va a trascender en nada". Segundo: que la edad es importante; sobre todo si es la mujer la que tiene más años. Y tercero: que una mujer independiente y segura "ahuyenta a los hombres". ¿Te das cuenta como la sociedad nos quiere siempre condicionar y meter en una caja? Afortunadamente ninguno de los dos nació para estar en una caja y mucho menos para seguir reglas.

Nuestra primera cita y nuestro primer viaje juntos

Más o menos las dos semanas de conocernos nos volvimos a ver. Era un domingo, yo acaba de llevar a mi papá al aeropuerto y de regreso publiqué en Facebook [en este punto ya nos teníamos en Facebook] si seguía vivo "El corredor del arte". El cual es un pequeño mercadito en el centro de la ciudad en el que cierran las calles y venden artesanías, antigüedades y comida. Tenía muchas ganas de ir y caminar por ahí. Y, ¡sorpresa! Ricardo me respondió que sí. Y bueno, no recuerdo ni cómo, pero quedamos de vernos ahí a las 4:00 o 4:30 p.m. ¿Y qué pasó? Que nos vimos y estuvimos juntos hasta las 2:00 a.m. platicando. ¿Y lo más bonito? Es que tengo una foto de ese día, porque nos sentamos en un café que se llama Café du Calcetín en el que compartías mesa con gente desconocida y antes de cerrar ese día en la noche, tomaron esta foto.




A los 4 meses de comenzar a salir se nos ocurrió irnos de viaje a Real de Catorce; un pueblito mágico en San Luis Potosí, México. Algo que yo la verdad recomiendo si lo que quieres es conocer a la otra persona en otras circunstancias. A mí en lo personal me permitió confiar más en él. 




Fast forward al segundo departamento en el que viví sola

Desde que me fui a vivir sola a mediados del 2013 hasta que Ricardo y yo tomamos la decisión de oficialmente vivir juntos pasaron alrededor de 4 años. Por lo que Ricardo me conoció viviendo en el que llamamos "el huevito". Después, me mudé al segundo departamento al cual catalogamos como "el tapanco". 

Ya haré otro artículo hablando de mi experiencia y que aprendí de todos estos procesos de cambio.

En este departamento se me ocurrió darle una sorpresa a Ricardo. Gracias a que era un poco lío entrar al lugar, decidí regalarle una copia de mis llaves. Primero para no batallar y segundo porque para mí era como una muestra de confianza. Jamás lo hice con intención de presionar en la relación. Sin embargo, se me ocurrió una manera especial de dársela. Abrí el típico huevito kinder y cambié el regalo por las llaves. ¿Y qué pasó? Que lo asusté. ¡Claro! Ahora que lo veo, sí asusta un poco. El punto es que en las stories de Instagram te compartí que no me lo tomé a mal en ningún momento porque mi intención no era más que facilitar las cosas. Por lo que no fue difícil empatizar y darme cuenta de que no era el momento.

Más viajes, más celebraciones y mucho más crecimiento

La vida de pareja pasa por muchos altos y bajos. Hay épocas en las que uno descubre partes de sí mismo y del pasado que influyen en el cómo se es hoy; miedos, fantasmas, incertidumbre. Hay cosas que sanar, cosas que aprender de ambos y herramientas que descubrir para que la relación funcione. A nosotros nos ha quedado claro que para llegar hasta este momento de nuestras vidas ambos hemos puesto mucho trabajo, muchas ganas, mucha comunicación, empatía y comprensión. 

Ambos somos hijos únicos y ambos crecimos en entornos y realidades distintas. Y como en todo, hay que aprender a compaginar el carácter con el amor, los planes y las decisiones personales. En nuestro caso, no solo tuvimos que aprender a convivir, sino que también aprendimos a emprender. Cada quien por separado, pero eso también influyó en el estrés, la atención y los prioridades.

Por ello, cuando decidimos vivir juntos oficialmente ambos sabíamos que la relación estaba a punto también de "formalizarse"; algo para lo cual no estábamos preparados del todo anteriormente. No porque no hubiera certeza en el querer estar juntos, no porque faltara el amor, sino porque vivir juntos ya no es del todo "tú lo tuyo y yo lo mío", sino que ya se convierte en un "nosotros".

Qué hemos aprendido en estos seis años juntos


Para muchos quizás seis años suene a mucho, y no digo que no lo sea, pero se pasa tan rápido que no lo parece. Al principio yo no podía creerlo, puesto a mi relación más larga siempre había sido de 2 años. Hoy, cuando volteo hacia atrás me doy cuenta de todo lo que hemos recorrido, todo lo que hemos aprendido y lo feliz que soy todos los días; aun cuando suene trillado y aun en los días más difíciles. Ya que sin duda en esta relación sin duda he aprendido a: 

  • Valorar más mi pasado, porque me permitió valorar aún más a Ricardo.
  • Una relación madura se basa en la empatía, el respeto y la comunicación. 
  • Cuanto más me amo a mí misma, más puedo amar a mi pareja. 
  • Cuanto más responsable me hago de mis emociones y reacciones, más crecemos como pareja.

Y, sobre todo, que si estamos juntos es porque queremos, no porque nos necesitemos. El amor no es "necesitar" a alguien. El amor es una elección, es una decisión activa en la cual te comprometes a estar siempre. Y lo sé y lo reafirmo porque dentro de mis objetivos como mujer nunca estuvo realmente el casarme y cuando conocí a Ricardo yo no buscaba pareja; y él tampoco.

Sin embargo, puedo afirmar que esto era porque no ninguno de los dos había encontrado a la persona ideal para llevar a cabo estos planes. Uno puede imaginar, creer o pensar que está con la persona correcta, pero la persona correcta es aquella que te da paz, te empuja y permite crecer y te ayuda a ser tu mejor versión.

La persona correcta es aquella que te da paz, te empuja y permite crecer y te ayuda a ser tu mejor versión.

Nada de mariposas innecesarias, nada de vida color de rosa, nada de príncipes y princesas, ni verdades a medias o mentiras blancas. Nada de cosas raras o turbias, miedos o inseguridades. Una relación para que dure y trascienda tiene que ser transparente. 

5 reflexiones en las que puedo resumir todo lo anterior


Me gustaría terminar este gran análisis con 5 reflexiones rápidas. Porque sé que mi relación de pareja puede resultar algo atípica; sobre todo si me lees desde México en donde aún se espera que una pareja siga varias "reglas" antes de poder viajar solos como pareja o vivir juntos. Y porque siempre será bonito abrirnos a otras maneras de ser y de pensar, ¿no crees?

Fact 1
Cuando mi novio y yo nos conocimos, yo tenía 27 y el 23. Lo que quiere decir que yo soy 5 años más grande. Yo ya vivía sola, me mantenía sola y él se acababa casi de graduar y estaba comenzando su primer trabajo como egresado. ¿La edad importa? Por supuesto que no.

Fact 2
Cuando nos conocimos, ninguno de los dos buscaba una relación. Fuimos muy honestos al respecto. Salimos durante 1 año, obvio no solo como amigos, pero sin un "título" de por medio. Sí éramos "exclusivos", pero jamás nos presionamos por el "¿qué sigue?". Entonces, ¿se puede vivir sin etiquetas? Por supuesto que sí, pero siempre y cuando ambos estén en el mismo canal. Al menos desde mi experiencia.

Fact 3
Cuando tu pareja o tú se asustan por un siguiente paso, es mejor no presionar. Como cuando yo le di las llaves de mi departamento a Ricardo mis intenciones eran buenas, no buscaba presionar, quería que todo fuera más orgánico, pero no era el momento. ¿Me lo tomé personal? No. La realidad es que para que una relación funcione, sea cual sea, la comunicación es clave y escuchar las necesidades del otro también. No era el momento y no pasó nada. Yo igual le seguí abriendo la puerta.

Fact 4
Ninguno de los dos tenía como objetivo casarse. No porque no creamos en el matrimonio, sino porque un papel o una ceremonia no es sinónimo de compromiso. Yo siempre digo que mi objetivo como mujer no es ni casarme ni tener hijos. Yo quiero ser feliz y mientras actúe de manera congruente con mis creencias sin dañar a nadie, eso es lo que haré toda mi vida. Entonces, ¿qué cambió? Que ambos nos dimos cuenta de que queríamos dar otro paso juntos. Sin ceremonia religiosa, pero sí con un civil, sí con votos escritos por nosotros y sí con una fiesta íntima. Nada de andar invitando por cumplir.

Fact 5
Ambos sabemos que nuestra felicidad depende de cada uno de manera individual y que si estamos juntos es porque queremos y no porque nos necesitemos. ¿Suena frío? Para muchos sí, pero el amor no es necesitar, el amor es tomar la decisión activa de querer estar uno en la vida del otro; al menos para nosotros es así. Y aunque hagamos equipo ambos tenemos nuestros propios negocios y nuestro propio dinero. La diferencia está en que decidimos hacer equipo, compartir, crecer y ser felices juntos. 

Y gracias a todo esto es que llevamos seis años juntos.



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