Cómo afrontar el duelo personal derivado del COVID-19 - Entrevista a Lourdes Plata

Experiencia
23/06/2020 09:27 pm
Cuando comenzó la pandemia yo fui una de esas personas que aprovechó el primer mes al 1000%. Me sentí la persona más productiva del mundo gracias a que ya tenía una rutina establecida. E incluso llegué a sentir que tenía ventaja por llevar más de 5 años trabajando desde casa. Sin embargo, después del primer mes y medio del confinamiento noté cómo mi energía poco a poco comenzó a disminuir. 

Lo notaba todos los días en algo distinto. Un día noté que mi entusiasmo por levantarme temprano directamente a hacer mis rutinas de ejercicio me era cada vez más difícil. Otro día noté cómo las ganas de querer estar en constante conexión con mis amigos iba disminuyendo, y así sucesivamente. Al principio se lo adjudiqué a que la "novedad" había pasado. Y que más de 45 días sin salir comenzaba a hacerse un poco cuesta arriba. Así pasaron 50, 60, 70, 80 y 90 días. Dormir se hacía cada vez más difícil, comer más fácil y la necesidad por abrazar a mis papás era cada vez más evidente; sobre todo viviendo en la misma ciudad.

Debo admitir que en un punto me desconocí. ¿Cómo me estaba pasando esto a mí? Si yo soy una persona optimista y energética. Si soy "morning person", ¿por qué ya no puedo hacer ejercicio como antes? ¿Por qué me cuesta el triple hacer lo mismo que hacía al principio con tanto ánimo? No quise ver la respuesta al principio o, más bien, no sabía poner en palabras lo que estaba sintiendo. Y fue hasta que vi el título de un artículo de The Harvard Business Review que lo entendí todo; "The Discomfort your feeling is grief". 

Y es que claro, tal como lo leerás tú misma en esta entrevista, por un momento creímos que esta situación que ha propiciado la pandemia era lejana y que la probabilidad de cambiar nuestra vida de manera radical era casi imposible, pero aquí estamos a más de 100 días de haber iniciado esta etapa inesperada en nuestras vidas. Y por tal razón; y con base en mi propia experiencia y lo que noto a mi alrededor, decidí contactar a Lourdes Plata, quien es psicoterapeuta individual, de pareja y terapeuta de duelo. Esto con la intención de brindarte claridad ante las emociones que estás viviendo, ya sea a través de tu propia experiencia en este confinamiento o como resultado de la pérdida de un ser querido. 

Espero que esta entrevista te llene de la información que necesitas. Sin duda te puedo decir que es una entrevista transparente, humana y enriquecedora.

El duelo en la cuarentena del COVID-19


A continuación podrás leer la entrevista sin ediciones, en donde cada respuesta te ayudará a afrontar desde otra perspectiva esta cuarentena y, también, tu propio proceso de duelo. 

Primero, ¿quién es Lourdes Plata? Platícanos un poquito de tu experiencia, incluye la cuenta de Facebook en la que abordas estos temas, por qué decidiste acompañar a la gente en estos procesos de duelo.

Me preguntas quién soy yo. Soy psicoterapeuta individual, de parejas y terapeuta de duelo. Además de exploradora incesante de todo lo relacionado a la vida después de la vida.

Comencé a aprender acerca de la muerte desde mi nacimiento. Mi hermana gemela murió al nacer y desde siempre escuchaba la historia de cómo ella no sobrevivió y yo pasé mucho tiempo en una incubadora. El haber llegado al mundo en esas circunstancias me dejó claro que la vida es frágil y que cualquiera, incluyendo a los bebés, puede morir cualquier día.   

El tema de la muerte y de la conciencia fuera del cuerpo me interesó un poco más obsesivamente que a otras personas. Me hacía muchas preguntas e intentaba leer lo poco que tenía a mi alcance.

En esa misma época, mis tíos del lado paterno se iban muriendo muy rápidamente, lo cual hubiera podido ser muy impactante para mí, pero mi papá me ayudó a ver la muerte con mucha naturalidad. Me llevaba a los velorios y me cargaba para que viera dentro del ataúd, con la misma tranquilidad con la que me llevaba al parque o a un taller mecánico. La muerte nunca fue tema tabú. De lo que no pude aprender fue del duelo y de la pérdida. Y cuando mi papá murió, descubrí que aunque la muerte sea un complemento natural de la vida, lo difícil es para el que se queda. Aprender a vivir con la ausencia
Quizás el hacerme tantas preguntas con respecto a la muerte, y a la vida, me llevaron de manera orgánica a la psicología, y también a buscar respuestas en caminos espirituales. Eventualmente me formé como psicoterapeuta con orientación transpersonal, pues es la rama de la psicología que percibe al "yo" del individuo de una manera integral, sin dejar de lado el aspecto espiritual.
 
El trabajo en terapia tarde o temprano nos pone en contacto con las pérdidas y con la muerte. Pero apoyar a un paciente en un duelo, desde la perspectiva convencional de la psicoterapia, suele dejar un espacio no dicho, una especie de tema tabú o, como dicen los gringos, “an elephant in the room”. Y este tema es, la discusión honesta acerca de la vida después de la vida.

Cuando murió mi mamá, decidí tomarme en serio las preguntas: "¿Qué es esto de morirte?" y "¿Qué estudios serios hay al día de hoy?". Considero que, si bien aún hay más preguntas que respuestas, en el presente hay el suficiente material: casos clínicos, autores, investigadores serios, libros, artículos, etc., que nos permiten ir acompañando en el trabajo psicoterapéutico al paciente. No solamente en su proceso de duelo, sino en el descubrimiento de sus propias respuestas acerca de la muerte. Por eso comencé mi página de Facebook Lazos que continúan, terapia de duelo, en donde no solamente subo material que habla del duelo a nivel emocional, psicológico, sino que incluyo textos de algunos de los pioneros en la investigación sobre la vida después de la vida como el cardiólogo PimVan Lomell, Michael Newton,  Raymond Moody, Kenneth Ring, Peter Fenwick, entre otros. 

 Ahora, ¿qué es el duelo y por qué duele no solo a nivel emocional, sino también a nivel físico? 

El duelo es el proceso de adaptación que se sufre a partir de una pérdida. Puede tener repercusiones, no solamente emocionales, sino físicas y cognitivas.  A raíz del trabajo de la Dra. Kübler-Ross, se considera que el duelo consta de cinco etapas, por las que se atraviesa, a veces en orden y a veces mezcladas.

Las 5 etapas que conforman el proceso de duelo


La siguiente pregunta te ayudará a entender y detectar cómo se manifiestan cada una de las etapas que puedes atravesar durante un proceso de duelo.

¿Cómo comienza este duelo? ¿Por qué nos tomó tiempo detectarlo? Y, todavía más complejo, ¿por qué es difícil asumirlo? 
 
Permíteme ir por partes:
 
La epidemia nos atacó. En primer lugar, con la sorpresa, con el shock: "llegó de golpe". Y por eso, sin darnos cuenta de todo lo que íbamos a empezar a perder, entramos a esta crisis con mucha incredulidad.  La negación es la primera etapa del duelo, su tarjeta de presentación, y en esas primeras semanas tuvimos mucho margen para negar la realidad: “Esto pasó en China, no nos va a llegar”, “Nosotros no comemos murciélagos”, "No pasa nada”, “Si yo no voy ni a Saltillo, cómo me va a afectar, que se preocupen los ricos”. 
 Estábamos en negación, pero empezamos a experimentar angustia, miedo e incertidumbre. Muy pronto comenzó la “recomendación” del encierro, y ahí comenzaron nuestras pérdidas:  perdimos libertad de movimiento, espontaneidad, ligereza. Y se fue la tranquilidad.  Cualquier paso tenía que ser pensado y ensayado cien veces, pues si lo dábamos en falso podría ser mortal. "¿Tengo termómetro?". "¿Tengo aspirinas, comida, kleenex?". La incertidumbre y la duda nos vuelven violentos, acaparadores. El miedo puede sacar lo peor de nosotros mismos. De ahí que la gente en todo el mundo se peleara a golpes por papel de baño.

Encerrados en nuestra cueva, veíamos hacia afuera a través del Internet: noticias y fake news: "¿Cuál es cuál?", "¿Puedo ir al súper o no?", "¿Esto te mata o es un invento?".  A partir de ahí, la negación se fue mezclando con la segunda etapa del duelo: el enojo.  ¡A culpar, señores! Pero, ¿a quién culpamos? ¿A los chinos, a los murciélagos, a los gobernantes, a la "gente irresponsable" que sigue en la calle o a las potencias oscuras que gobiernan al mundo?  El enojo se expresó también en las familias y en las parejas y aumentó la violencia hacia mujeres y niños. Se incrementaron las crisis familiares. Y, ¿cómo no? Si perdimos nuestras válvulas de escape: se cerraron los cines, los parques grandes, los centros comerciales, los cafés. Y la sensación de opresión crecía, junto con la incertidumbre, junto con los muertos y hospitalizados. El enojo se alió con el insomnio y el autoabandono. Muchas personas se empezaron a vestir de la cintura hacia arriba y apareció una encuesta que decía que muchas personas dejaron de bañarse a diario.  
La tercera etapa de duelo, la negociación, se manifestó como autoengaño. La mente nos hacía creer que teníamos muchas razones para salir a la calle. Entrevisté a personas que no podían evitar que el papá, adulto mayor y retirado (población de riesgo), fuera al supermercado 5 veces al día a hacer comprar "indispensables y urgentes". Y también del imaginario colectivo empezaron a surgir tratamientos milagrosos, videos fantásticos que pretendían negociar con la epidemia, engañarla o demostrarle que no iba a vencer al que tomara aspirina con limón caliente. 


 Paulatinamente se fue colando la cuarta etapa: la depresión con su disfraz de apatía, de derrota. ¿Para qué me esfuerzo si esta epidemia nunca se va a acabar? Y el que no se sentía deprimido de todos modos había deshecho ya sus hábitos de sueño. Durmiendo a deshoras y comiendo a todas horas no hay organismo que funcione bien, y así la depresión se enmascara. ¿De dónde se puede sacar motivación para el futuro cuando el futuro no asoma su rostro? ¿Volveremos a viajar? ¿A salir a comer? ¿A un concierto de rock? ¿Al teatro, al mercado, a abrazar a mis amigos? 


Cuando las víctimas de la pandemia aparecen cerca de nosotros, cuando tienen rostro, nombre y apellido, el miedo suele ser peor, ya que la confrontación con nuestra mortalidad y fragilidad se vuelve más real y tangible.  Y la ansiedad se vuelca al cuerpo y altera la digestión y el sueño. A veces nos hace magnificar los síntomas: un simple estornudo nos aterra y nos despierta un millón de fantasías.   
 
Con paciencia, entraremos a la quinta etapa, la aceptación. Todo pasa y se reacomoda. El que ha logrado entender que en la vida lo único constante es el cambio estará alistándose para resurgir. La vida no se detiene, y su poder es infinito. La vida se hace cargo de la vida. Y con la fuerza de las plantitas que crecen en las grietas de las banquetas, estamos resurgiendo.  Aprenderemos a abrazarnos mirando hacia los lados, haremos reuniones sentándonos a un metro de distancia y nos lavaremos las manos cincuenta veces por día. Seguirán las clases y la juntas virtuales, o rediseñaremos nuestras escuelas y oficinas. Todo se vale, menos que el espíritu humano se derrote. 


¿Cómo nos adaptamos a una realidad que pasó de ser "momentánea" a "llegar para quedarse"? 


Una vez teniendo claras las etapas que acompañan al duelo, me pareció importante conocer qué sucede después. A continuación podrás notar como la última etapa del duelo; la aceptación, es la que nos acompaña para seguir afrontando la nueva realidad.

 ¿Qué sigue a partir de ahora? 

Tres meses después, seguramente ya hemos pasado por todas las etapas del duelo y también por diferentes cambios en nuestra personalidad.  Los rasgos obsesivo-compulsivos comunes en las personas se han manifestado intensamente: he entrevistado a personas que han desarrollado fobia a salir, incluso a sacar la basura.  Otras ya manifiestan irritación en las vías respiratorias a causa de su adicción al cloro, unas más no pueden evitar seguir haciendo compras de pánico.
 
¿Y hay solución?  Una clave está en nuestra capacidad de adaptación, la suficiente flexibilidad mental que nos permita no aferrarnos al mundo como estaba (y nos gustaba), sino cooperar con lo inevitable. En la medida que aceptamos que la situación no está en nuestro control, nos moldeamos y nos adaptamos a los tiempos, como sea que se presenten.  Adaptarnos sí está en nuestro control.  
El encierro ya está acabando con nuestros nervios, ahora debemos aprender a escoger nuestras salidas y hay que ejercitar el poner atención al momento de salir.  Tenemos que cubrirnos más, estar conscientes de lo que tocamos, de la distancia que guardamos con los demás y de las medidas constantes de higiene. ¿Difícil? Sí, pero solamente en la medida en que nos resistamos al cambio. Aprenderemos a estar en el parque o en el café conscientes del espacio físico que ocupamos, y conscientes también de lo higiénico o seguro que esté el ambiente que nos rodea. 
 
Te compartiré una anécdota, que espero pueda servirte de ejemplo: 

Ayer me acerqué a mi cafetería favorita, recientemente reabierta.  Todo estaba bien, el lugar, prácticamente vacío, me permitía tener “sana distancia” al sentarme.  Iba a pedir mi bebida en el mostrador, pero había algo que no me cuadraba, algo no se sentía bien. Finalmente, lo hice consciente: ¡la chica que me estaba atendiendo no traía cubrebocas! Gentilmente, di las gracias sin ordenar nada y me salí, aliviada por haberme percatado a tiempo. ¿Qué faltó aquí como ejercicio para el futuro?  Quizás decirle de manera asertiva a la chica que no estaba cumpliendo con las normas de higiene. Lo haré la próxima vez.

 ¿Es distinto el duelo derivado del COVID-19 al duelo por la pérdida de un ser querido? O, ¿un duelo es lo mismo a cualquier nivel? 
 
Aunque el dolor es universal, cada persona puede manifestarlo de manera diferente. Hay quienes pasan más tiempo en enojo, otros en depresión, y hay quienes mantienen la negación por un tiempo tan largo, que después les cuesta trabajo reaccionar y dar los pasos que siguen tras una pérdida. El duelo derivado de una pandemia tiene el agravante de la incertidumbre y el miedo, pues además de la pérdida está el riesgo de lo que pueda pasar en el futuro. Y, en este caso, está también el duelo por las cosas que nos daban alegría en la vida y que perdimos en estos meses: celebraciones, abrazos, eventos, paseos, etc., y que no sabemos cómo ni cuándo vamos a poder recuperar.
 
En el caso actual de la pandemia, ¿cómo podemos manejar nuestro duelo? ¿Qué pasos sería conveniente seguir? ¿Es válido quedarnos en cama si así lo sentimos? En México es difícil que la gente se otorgue la libertad de descansar porque siente que siempre "debe dar más", siempre tiene que estar activo. ¿Cómo se logra parar sin sentirse uno culpable? Porque creo que ya es suficiente con el duelo, como para encima cargar con culpa.
 
Hemos estado en duelo, en ansiedad y en incertidumbre. Es difícil creer que el cuerpo y la mente puedan aguantar sin desgastarse. Hay que aprender a escucharnos a nosotros mismos,  y validar respetuosamente lo que sentimos.  Si el cuerpo te pide descanso, hay que ayudarle a descansar. Si tu mente te pide silencio o que no la agobies con responsabilidades, hay que aprender a escucharla y a darle su lugar.  El duelo es tan fuerte como una quemadura o un hueso roto, necesitamos cuidar de nuestra psique igual que cuidamos de nuestro cuerpo.
 Estamos convalecientes, la angustia nos ha bombardeado por muchos flancos. Ahora bien, necesitamos tener la sensibilidad suficiente para no desplomarnos y  mantener hábitos básicos nos ayuda: dormir bien, pero no quedarnos en la cama de más, bañarnos a diario, ponernos “guapos” aunque  la ropa no sea de calle, alimentarnos bien y mantenernos hidratados, son los actos que nos ayudarán a mantener en alto la energía. La creatividad regresará y regresará la energía, pero necesitamos ser pacientes y cuidadosos, y no exigirnos de más.  Todo a su tiempo.

Sabemos que debido a la gravedad de esta pandemia, muchas de las personas que perdieron a sus seres queridos, no se les brindó la oportunidad ni de despedirse, ni de llevar a cabo un velorio previo al entierro o cremación. En el caso de que alguien que nos lea haya pasado por este proceso, ¿qué consejo podrías darle para afrontar la pérdida, pero también ese sentimiento de que le "robaron" esos momentos tan necesarios para despedirse?
 
En circunstancias normales, los rituales son una gran ayuda para que la psique se prepare para el cambio. El ritual es el lenguaje del inconsciente. El lenguaje simbólico de cada ceremonia, nos permite prepararnos de mejor manera para lo que viene. Cuando no se puede, por pandemias, guerras, desastres naturales, etc., es importante realizar de todos modos algún tipo de ceremonia o ritual. Puede ser a través de la creación de un pequeño altar en casa o escribiendo varias cartas para el ser que se ha ido. Puede ser a través de la pintura o de la música, o haciendo en casa las ceremonias que correspondan a las creencias de cada individuo o familia. Yo suelo insistir también en el diálogo, verbal o mental con la persona que se ha ido, como una manera de validar su presencia en nuestro corazón y una forma también de reacomodarla en nuestra vida. De todas las circunstancias a las que hemos necesitado adaptarnos, ésta tal vez es la más dolorosa, pues la despedida del cuerpo físico le da a la psique la posibilidad de empezar un cierre y es más difícil si nos saltamos ese paso, pero aunque sea más lento, los rituales personales ayudarán a que se vaya cerrando y sanando la herida.

Retomando el tema del dolor físico durante el duelo, a mí particularmente me toma mucho esfuerzo hacer lo mismo que hacía hace tres meses, ¿cómo puede encontrar uno la motivación? Porque está la parte del encierro, la parte del duelo, la incertidumbre y la tristeza. Hay mucha gente que tiene que seguir trabajando o que tiene que hacerse cargo de sus hijos. ¿Qué se hace en estos casos para lograr salir adelante, no rendirse o no caer en una depresión? ¿Ante qué señales hay que estar atentos para saber cuándo pedir ayuda? 
 
La depresión es engañosa, a veces no se manifiesta como un estado vivo de tristeza, sino que se expresa a través del cuerpo, con síntomas o simplemente te roba la energía, te desvitaliza y te sumerge en un estado apático y letárgico, sin creatividad ni empuje. Hay que empezar por reconocer que es normal estar abatido por las pérdidas y la incertidumbre. Reconocer y aceptar estos síntomas te permite estar más atento a ellos. No hay fórmulas mágicas, pero sí ayuda el que cuides respetuosamente de ti mismo, poniendo atención a pequeños detalles: darte un tiempo para caminar, para mirar al sol; elegir con cuidado lo que escuchas, alimentarte quizás en menores cantidades, pero más a menudo; no saturarte de noticias negativas. En pocas palabras, tener presente que estás en transformación y que, por ende, mereces el mismo cuidado que un recién nacido. 

Por compartir una experiencia personal, las primeras semanas de cuarentena, intuitivamente empecé a cocinar todo lo que comía de niña, las pequeñas cosas con las que me alimentaba mi madre: gelatina, arroz con leche, etc.  No fue pensado, solamente  después de varios días me di cuenta de lo confortada que me hacía sentir probar esos sabores y de cuanto me aligeraba el día. De igual modo, retomé con más intensidad mis prácticas espirituales (yoga, tai-chi, meditación, respiración, etc.), lo cual me ayudaba a saber qué hacer si me estaba empezando a caer. Las prácticas espirituales y psicofísicas son como el botiquín que dice “ábrase aquí en caso de emergencia”. Si estás habituado a realizarlas, y puedes detectar a tiempo señales de apatía o tristeza, tienes más posibilidades de salir de esos estados más rápido. Obviamente, si hablamos de cuadros de depresión mayor o bipolaridad, o de crisis de ansiedad severas, habrá que pedir apoyo profesional. 

Ahora, para quien no está sintiendo ningún duelo [que creo que es difícil], pero tiene a una pareja, a un familiar o a un roomie pasando por esto, ¿cómo se puede ayudar? ¿Qué se dice o qué se hace para no agobiar, pero hacerle saber a la persona que puede contar con nosotros? 

La presencia silenciosa y amorosa al lado de quien está en duelo es la mejor medicina para ayudar a sanar. No es necesario llenar esos espacios con palabras, de hecho, ¿qué podemos decir que atenúe una pérdida? Si  acaso, pequeños actos amorosos son una forma de decir, “aquí estoy”. Preparar una comida para el que está en duelo, alimentar a su mascota, llevar su ropa a lavar, en fin, ayudarle a hacer la vida más llevadera. Y estar, estar ahí. Que la persona sepa que al abrir los ojos o al teclear tu número podrá contar contigo de inmediato. 
 
Leyendo artículos en fuentes como CNN Health, Cleveland Clinic o The Guardian, leía que en estos momentos existen dos aspectos clave para lograr afrontar el duelo de una mejor manera: la compasión hacia uno mismo y la gratitud, ¿qué opinas de esto? 

En efecto, frente a todo los cambios que hemos tenido que enfrentar súbitamente, es importante ser amorosos con nosotros mismos, sin exigirnos demasiado ni tener expectativas muy altas, y ser pacientes. Este proceso trae enseñanzas y transformaciones, pero estas se irán manifestando lentamente. El ave sale transformada del cascarón, pero si queremos ayudarle acelerando el proceso, el cambio no se da y el ave muere.  Y en cuanto a la gratitud, hay que reordenar nuestras prioridades, para resignificar lo que no hemos perdido, y agradecerlo. Al apreciar y agradecer lo que se ha mantenido intacto en torno nuestro, y al empezar a amar incondicionalmente a quienes aún están con nosotros, comenzaremos a caminar con más fortaleza en esta crisis. 

¿Qué tan necesaria es la terapia en estos momentos? ¿Qué tipo de terapia recomiendas? ¿Por qué es importante no sentir pena de pedir ayuda o miedo de ir a terapia?
 
Creo que es importante que la gente sepa que puede contar con el apoyo de un terapeuta para que esta etapa sea más llevadera. En la terapia puede encontrar herramientas para cuidarse mejor a sí mismo, manejar más adecuadamente la ansiedad y encontrar el sentido de todo lo que estamos viviendo.  De igual modo, el terapeuta puede acompañar a quienes han sufrido la pérdida de sus seres queridos y apoyarlos en las diferentes etapas de su duelo.
 
Tú das distintos tipos de terapia, incluyendo aquella relacionada con el duelo. ¿Cómo te pueden contactar? ¿Cómo se llevan a cabo las sesiones actualmente?
 
Así es, hace muchos años que he estado dando apoyo psicoterapéutico en general, y en terapia de duelo. Con mucho gusto te comparto mi correo:  lourdes@karunapsicoterapia.com En esta  etapa las sesiones son en línea y las citas se pueden concertar por WhatsApp al 8181853601. 

Asimismo, puedes visitar la cuenta de Karuna Psicoterapia en Facebook e Instagram para más información, consejos y herramientas para cuidar de tu salud mental y emocional.

Lourdes, te agradezco enormemente por esta entrevista. Con cada respuesta y con cada ejemplo nos demuestras la empatía y la paciencia con la cual debemos voltear a vernos para afrontar cada proceso; siempre desde el amor propio y la aceptación. Reconociendo que todo proceso es único e igualmente válido.