3 aprendizajes sobre ansiedad + lo que me salvó a mí y que te puede salvar a ti también

Experiencia
11/05/2020 10:48 pm

Al hablar de ese tema mi intención siempre es intentar normalizarlo. Ya que aún hay muchas personas que sienten miedo o incluso vergüenza de aceptar que han vivido y viven con ataques de pánico de manera frecuente.


Con el tiempo he aprendido que esto es el resultado del propio desconocimiento por parte de aquellas personas que siguen juzgando o que afirman con seguridad que "todo está en nuestra mente" o que "solo es cuestión de relajarnos". Cuando la realidad es que no es así de fácil. Sí, uno puede aprender a gestionarlos, pero quienes los padecemos tenemos claro que por gusto no es y que lo que más buscamos cuando se presentan es comprensión.

Gracias a los ataques de pánico aprendí precisamente a pedir comprensión. Por eso puedo afirmar que me encanta hablar de este tema. Porque sé lo que es y sé lo que se siente. Y me encanta platicar de esto no porque sea agradable de vivir, sino porque sé que es agradable sentirse acompañado ante algo que resulta desconocido; al menos cuando no sabes que esto tiene un nombre y que no te vas a morir por ello.
En el capítulo 3 de la primera temporada Gestiona mejor tus ataques de pánico, te platiqué cómo es que viví mi primer ataque de pánico. Sin embargo, y curiosamente, meses después de haber grabado dicho capítulo, leí un post de mi mejor amiga Eugenia en el Instagram de su podcast Marente que me hizo recordar que incluso mucho antes de ese episodio, siendo ya una adulta, yo ya había vivido mis primeros ataques de pánico sin siquiera saberlo. Concretamente siendo yo una niña.

Antes de platicarte cómo fue, te comparto el texto del post en cuestión; el que me hizo recordar y revivir esos momentos.

"El Dr. Peter Levine experto en trauma y psicoterapia corporal, explica que nos traumatizamos cuando nuestra capacidad de respuesta ante una amenaza percibida se ve abrumada de alguna manera. Levine suele contar el caso de un paciente que experimentaba ansiedad cada vez que lo invitaban a cenar a algún restaurante o a la casa de un amigo. 

Resultó que la raíz de ese detonante eran las expresiones faciales de sobresalto que esta persona vio en sus familiares luego de que, a sus cinco años, tiró de una de las esquinas colgantes de un mantel, provocando que los platos y alimentos cayeran al piso. Quién iba a decir que en la edad adulta el paciente reviviría la forma en la que su cuerpo respondió ante una memoria de su infancia cada vez que lo invitaban a cenar".

Como te decía, fue precisamente este post el que me hizo recordar que yo de niña vivía un trauma casi siempre que salíamos a cenar cuando estábamos de vacaciones mis papás y yo en alguna playa. El sol, el agua y jugar todo el día me agotaba. Y claro, antes de salir a cenar era necesario bañarse, lo cual de entrada ya relaja mucho. En ese entonces era llegar al restaurante y que se me cerrara por completo el estómago. Y claro, escuchar: "Tienes que comer", era un suplicio. Ese "tener que comer" comenzaba a causar una molestia que yo no sabía explicar, pero que desencadenaba varios reacciones en mi cuerpo: intranquilidad, falta de aire, corazón acelerado y manos húmedas.

Recuerdo muchas veces tomar la decisión de irme al baño a respirar, relajarme y alejarme de dicha situación. Incluso siendo niña sentía que tenía que huir, siendo consciente de que no podía ir a ningún otro lado. Y claro, después me llegó a pasar aún cuando no estábamos de vacaciones, sobre todo cuando llegábamos al restaurante y yo no tenía hambre. ¿Sería la presión de el "tener que comer"? Quizás. Pero misma historia: pararme e irme al baño. Respirar, distraerme y volver. Casi siempre después de un rato se pasaba y al ver que no me había pasado nada, porque en mi mente tenía miedo de que me pasara algo malo, como por arte de magia el hambre llegaba.

Te puedo decir que este patrón de irme al baño a tomar aire lo sigo repitiendo aún a día de hoy en mi vida adulta. Incluso te platico una historia con relación a esto en el capítulo del podcast en cuestión. 

Cómo fue que aprendí a gestionarlos mejor 


Poco a poco, ya de adulta y conforme los fui viviendo, fui detectando aquellas acciones que a mí en lo particular me ayudaban a aminorar las sensaciones desagradables. Te las comparto a continuación.

1. Aprendí a comunicarle qué sentía a quienes me rodeaban
Aún cuando somos muchos los que hemos padecido ataques de ansiedad, aquellos que no lo han vivido no saben cómo ayudar. Creo que es nuestra responsabilidad hacerles saber aquello que pueden hacer para ayudarnos en caso de que nos suceda. Yo en lo particular intento comunicar lo que para mí es importante. ¿Y qué pasa si estoy sola? Buena pregunta. A mí cuando me han llegado a dar estando sola he optado por llamarle a mi novio o a una amiga y decir: "Me está dando un ataque de pánico, necesito distraerme". Y al cambiar el tema a veces me funciona. Si estoy en un lugar público, con alejarme del bullicio y caminar con respiraciones lentas y profundas me funciona. Particularmente en silencio, depende de cada situación. Sin embargo, aprender a pedir lo que necesito es clave para lograr sentir que todo va a estar bien.




2. Aprendí que identificar dónde están las salidas de emergencia me da tranquilidad
Quizás pueda sonar un poco exagerado o pesimista. Sin embargo, por supervivencia, siempre es importante identificar dónde están las salidas de emergencia. ¿No es eso lo que te recuerdan recién te subes al avión? Yo siempre estoy al pendiente de los elevadores, las puertas eléctricas e incluso en conciertos al aire libre pienso para dónde es mejor correr en caso de una estampida. Lo acepto, si lo leo sin contexto pienso: "¡qué locura!". Pero, prefiero ser precavida. Sobre todo cuando me agobia tanta gente y necesito espacio y aire para sentirme mejor.

3. Aprendí a detectar aquello que detona mis ataques de pánico
Esto ha sido un parteaguas en cómo los gestiono. A día de hoy sé que si estoy muy cansada y salgo a cenar, es probable que la comida "no me entre" y no pasa nada. Está bien decir que no quiero cenar. Hoy sé también que quedarme encerrada en un baño puede ser uno de los peores detonantes, pero soy consciente de que siempre habrá alguien que pueda ayudarme a salir. Lo mismo me pasa cuando me quedo atorada en el tráfico y comienzo a sentir que la respiración se me agita y que me pongo nerviosa. Ese es el momento de poner una canción que pueda cantar, poner atención en los carros o panorámicos alrededor y llamarle a alguien con manos libres que logre distraerme. El aprender a detectar "ese momento" me ayuda a anticiparme o a tomar acción más rápido.

Finalmente, puedo reafirmarte la importancia de encontrar aquello que a ti te funcione. Sé que hay diversos niveles de ataques de pánico y que quizás mis consejos no sean aplicables en tu vida, pero recuerda que para ello también existen médicos y terapeutas que pueden ayudarte o brindarte aquellas herramientas que te ayuden a gestionar tus ataques de ansiedad mucho mejor.

Nos leemos en el próximo artículo, ¡gracias por estar aquí!

Artículos relacionados

Cómo afrontar el duelo personal derivado del COVID-19 - Entrevista a Lourdes Plata

26/06/2020 01:29 pm

Cambia tu chip mental con 5 hábitos que le darán un giro a tu vida

20/05/2020 06:14 pm

¿Te sientes fuera de lugar con ciertas normas sociales? ¡Yo también!

10/05/2020 05:06 pm

Yo soy Paola, ¡y por esto inicié este podcast!

10/05/2020 04:22 pm
Etiquetas
ansiedad
ataquedepanico
estres
terapia
experiencia
mindfulness
saludmental
saludemocional
podcast
pedirayuda
aprenderadecirqueno
respiracion
ataquedeansiedad
ayuda
historias
niñez
trauma
traumaemocional
emociones
crecimientopersonal
panico
miedo
aprendizaje